miércoles, 25 de febrero de 2015
Travesía hedonista.
Fueron treinta y dos los años que disfrutamos de nuestro hedonismo en aquella bola de cristal. Era un aquí y ahora y vuelta a empezar desde el columpio delirista de la casa del campo hasta el cartel de "NO PASAR" que el ratón le ponía al gato. Las carreras por las sendas de la fe tras algún indicio de verdad y el campo de tiro del tío extraño de sombrero, gabardina y gafas de sol que nos vendía la Luna a precio de estrella. Recuerdo un veintidós de noviembre a medianoche comenzar una guerra que nunca gané. Una lucha a capa y espada contra el narcisismo y perder. Caí derrotado como una piedra en el estanque y en el estanque del ego que me ahogué. Bajé cuatro infiernos hasta recoger mi conciencia dormida y me embarqué en aquel viaje esperanzador de cincuenta y tres barcos por las aguas pedregosas de tus labios húmedos. Millares de hectáreas de sucio carmín y carbón en el hoyuelo izquierdo, toda una odisea. Comenzó el desfile del valor y nadie saltó a escena. Todos me observaban desde el burladero plantar la bandera hedonista en el punto medio de las dos trazas de hielo. Una luz del interior me llamó, con voz dulce y confiada y, sin dudarlo, me lancé al bello mundo del sueño sin conciliar donde, por fin, consumí mi hedonismo borracho de tu discontinuo recuerdo.
lunes, 8 de diciembre de 2014
Pálpito.
Es un enfado puntual entre tus caderas y mis muñecas. Reinventar las calles de la melancolía por tu espalda anémica. Un fin del mundo eterno y lo que dura la vida en las moscas. La noche aún se presta a ser espectador de nuestra escena invisible, impasible. Somos la ciudad de papel en tus párpados ardientes. Espejos y espejismos que fusionaban los cuervos y la magia de los variados instrumentos empolvados. Un juego de cartas que metamorfoseaba en tus dedos. El alud arrasador de los sueños del mañana y una víspera de caricias y besos rotos, un deseo inhumano hacia ti. Volviste a engullir mi voz inhalada, la tomaste como la bandera del rencor. Alzaste mis manos hacia el infierno que, como compuestas de estrellas fundidas y rotas, se desgajaron en el vacío de materia oscura y tus labios reinando el escenario. El silencio gritó a tus pies y la clave de sol trepó por tus piernas blancuzcas hasta tu pelvis demente. Ciclos de ansiedad entre tus cabellos, días de impaciencia acurrucado en un ventanal fangoso de tu sombra. Recuerdo cuando las ideas perdieron valor en tu boca y resbalaban miradas por tus párpados ausentes. Aquel veintitrés de febrero en noche fría pasando el amanecer entre tus dedos entumecidos y una bocanada de humo y fuego proyectada en tu retina. Palpando tus entrañas en la inmensidad del abismo de tu alma impaciente, en el que caí.
domingo, 26 de octubre de 2014
Miradas.
Miradas que rompen
cristales.
Cristales
y estrellas púrpuras llueven
tras los ventanales.
Ventanales,
que albergan secretos y mueren
ausentes.
Ausente,
la mente sin quererlo duerme
sin soñar.
Sueños,
donde la vida se hace fuerte
y la muerte no hace más que
llorar.
Lloros,
y versos y cantos suenan al frente
paraíso.
Paraíso,
donde el eco del ayer resuene
y el alma libre pueda danzar.
cristales.
Cristales
y estrellas púrpuras llueven
tras los ventanales.
Ventanales,
que albergan secretos y mueren
ausentes.
Ausente,
la mente sin quererlo duerme
sin soñar.
Sueños,
donde la vida se hace fuerte
y la muerte no hace más que
llorar.
Lloros,
y versos y cantos suenan al frente
paraíso.
Paraíso,
donde el eco del ayer resuene
y el alma libre pueda danzar.
viernes, 25 de julio de 2014
Ceniza.
Volando,
cruzas el mar
con tus alas de titanio en llamas;
como un ave fénix resurgido
de las cenizas que
su cigarrillo dejó caer
en el mar.
Corriendo,
siempre al mismo sitio.
Rogando por el
tiempo que perdiste
en aquel barco de papel
sin capitán.
Ardiendo,
como el fuego en el que
tu alma llora, desconsolada.
Y arde, y grita, y llora, y sufre
y te gusta, te encanta.
Cambiando,
pasó de ser
un cristal opaco
a ser totalmente transparente
y destrozado por tu martillo,
tu aparente martillo.
Llorando,
como tu musa que
enterró su corazón en una caja
cuanto te miró por última vez
a tus estúpidos ojos
azabache.
Muriendo,
como tu conciencia
ahogada en el mar,
quemándose en el fuego
que tú mismo prendiste.
Arde, ego, arde.
cruzas el mar
con tus alas de titanio en llamas;
como un ave fénix resurgido
de las cenizas que
su cigarrillo dejó caer
en el mar.
Corriendo,
siempre al mismo sitio.
Rogando por el
tiempo que perdiste
en aquel barco de papel
sin capitán.
Ardiendo,
como el fuego en el que
tu alma llora, desconsolada.
Y arde, y grita, y llora, y sufre
y te gusta, te encanta.
Cambiando,
pasó de ser
un cristal opaco
a ser totalmente transparente
y destrozado por tu martillo,
tu aparente martillo.
Llorando,
como tu musa que
enterró su corazón en una caja
cuanto te miró por última vez
a tus estúpidos ojos
azabache.
Muriendo,
como tu conciencia
ahogada en el mar,
quemándose en el fuego
que tú mismo prendiste.
Arde, ego, arde.
jueves, 10 de julio de 2014
Consciencia.
Contemplo el paisaje desde la discreta ventana de atrás. La calle vacía, el sonido del silencio y el gélido resplandor del viento rozando mi piel. El ocaso del día, la risa del verso, la felicidad del poeta y el llanto sosegado de una rosa azabache. El ambiente distendido destapa esa paz que va muriendo poco a poco apuñalada por joyas de ira y frustración. El aire se carga de hielo y fuego al mismo tiempo, bañándome en un mar ardiente de incertidumbre. Ecos resuenan en las paredes de mi cabeza, contando mil y una historias diferentes de malas lenguas que murieron con el paso del tiempo, todos a la vez. La consciencia anda borracha de remordimientos; y la esperanza, que fue raptada por aquellos sueños rotos, grita desconsolada en algún hotel de poca monta como la furcia que es.
Ahora tan solo quedan los pedazos de aquellas ilusiones creadas por la utopía que la imaginación construye a partir de lo desconocido. Ilusiones que fueron destruidas por el martillo del odio y la fobia que esta vida lúcida nos brinda. Sufrir por la sombra alargada del que está por encima de nosotros, por lo que no conocemos y apenas sospechamos, por el temor a la soledad, al ciego absoluto, a la discordia que reina nuestros corazones. Temor a los sentimientos, al sentir y no sentir, esta antítesis que a todos nos inquieta y que muchos esconden bajo una falsa fachada de frialdad. No saber dónde vamos, ni de dónde venimos.
Y ahora miro desde el cielo sentado en una nube. Y río, y lloro, y grito, y disfruto, y rabio. Soy un huracán de emociones. Todo duele, todo hiere. Pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ahora tan solo quedan los pedazos de aquellas ilusiones creadas por la utopía que la imaginación construye a partir de lo desconocido. Ilusiones que fueron destruidas por el martillo del odio y la fobia que esta vida lúcida nos brinda. Sufrir por la sombra alargada del que está por encima de nosotros, por lo que no conocemos y apenas sospechamos, por el temor a la soledad, al ciego absoluto, a la discordia que reina nuestros corazones. Temor a los sentimientos, al sentir y no sentir, esta antítesis que a todos nos inquieta y que muchos esconden bajo una falsa fachada de frialdad. No saber dónde vamos, ni de dónde venimos.
Y ahora miro desde el cielo sentado en una nube. Y río, y lloro, y grito, y disfruto, y rabio. Soy un huracán de emociones. Todo duele, todo hiere. Pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo, ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
miércoles, 11 de junio de 2014
Desaliento.
Echó a correr rodeada de cadáveres, polvo y armas que una vez tuvieron dueño. Sus piernas cada vez se movían más rápido y su pobre y desnutrido pelo lacio ondeaba al viento de la muerte. Le pedí que se detuviera pero ya había desaparecido en la tormenta de arena. Disparé mi arma a ciegas presa del orgullo. El polvo se disipó y vi cómo su cadáver volaba hacia el vacío eterno al que ahora estábamos unidos. Su cuerpo se hundió en la arena y se convirtió en cenizas. Juntos viajábamos hacia el limbo de la melancolía. Ella en muerte y yo en vida, o quizás al contrario, no estoy seguro. Nuestra bandera se desvaneció dejando una estela rojiza y cristalizada, que acabaría desapareciendo con la caída de la última hoja del árbol de la pesadumbre. Presa del desaliento, miré el cañón aún caliente del arma y acto seguido lo introduje entre mis dientes. Respiré hondo, cerré los ojos con fuerza y apreté el gatillo. Una lágrima de socorro se deslizó por mis mejillas en el momento que la bala atravesaba mi garganta. Ella, la única mujer que había amado y por la que tanto había luchado murió a mis manos. Murió mi bandera, murió mi libertad.
domingo, 8 de junio de 2014
La venida de La Dama Fría.
Llevaré la corona de espinas
en este trono mentiroso
pues no hay nada más doloroso
que el cálido aliento de las heridas
Empuñaré mi sable con maestría
en estos tiempos de discordia
mas asesinaré a sangre fría
a todos por los que yo moría
Al viento ondeaba la bandera
recordando momentos ya inertes
Mas luego se pringaría entera
por la osadía de la muerte
Palomas blancas vuelan al fondo
Se acercaba La Dama Fría
Billetes tomados, pasajeros a bordo
dijo el capitán Cobardía
El barco zarpó
con destino la Luna
La bandera ya murió
Y yo me he envuelto en la bruma.
en este trono mentiroso
pues no hay nada más doloroso
que el cálido aliento de las heridas
Empuñaré mi sable con maestría
en estos tiempos de discordia
mas asesinaré a sangre fría
a todos por los que yo moría
Al viento ondeaba la bandera
recordando momentos ya inertes
Mas luego se pringaría entera
por la osadía de la muerte
Palomas blancas vuelan al fondo
Se acercaba La Dama Fría
Billetes tomados, pasajeros a bordo
dijo el capitán Cobardía
El barco zarpó
con destino la Luna
La bandera ya murió
Y yo me he envuelto en la bruma.
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