Volando,
cruzas el mar
con tus alas de titanio en llamas;
como un ave fénix resurgido
de las cenizas que
su cigarrillo dejó caer
en el mar.
Corriendo,
siempre al mismo sitio.
Rogando por el
tiempo que perdiste
en aquel barco de papel
sin capitán.
Ardiendo,
como el fuego en el que
tu alma llora, desconsolada.
Y arde, y grita, y llora, y sufre
y te gusta, te encanta.
Cambiando,
pasó de ser
un cristal opaco
a ser totalmente transparente
y destrozado por tu martillo,
tu aparente martillo.
Llorando,
como tu musa que
enterró su corazón en una caja
cuanto te miró por última vez
a tus estúpidos ojos
azabache.
Muriendo,
como tu conciencia
ahogada en el mar,
quemándose en el fuego
que tú mismo prendiste.
Arde, ego, arde.
No hay comentarios:
Publicar un comentario