martes, 31 de marzo de 2015

Luna en celo.

No se quisieron rendir la noche y la luna pues el brillo del sol quemaba demasiado. Bronceado sobre ruedas y la luna en celo que engendró el demonio atado al tiempo.
Oh, el tiempo. Cara que a nadie agrada y cruz de mi agonía. Lo temo y lo espero. Lo busco y me escondo. Y viajo y me transformo. Soy la gota que colmó tu triste vaso. Armado con alas incandescentes, yo, mudo, llegué a tu punto débil; y descubrí que todo es un sin-sentido, que hiere. Tocado pero no hundido. Del revés, como un clavel a la deriva que fluye, que huye de vientos y tempestades como el flautista de tu flequillo al viento. Y los veintidós escalones que corren por tu espalda nevada tiemblan con el peso de mi voz hundida y apagada, rota por no ser capaz de cantarle a tus ingles quemadas y dormidas. No merecen mi aliento seco e insípido que dejó la tristeza al tantear mi costado. Merecen éxtasis. Luz de la luna. Luna hambrienta y con ceño fruncido. Sí, mi Luna.
Y ahora caen los titanes. Y caen los cimientos de tu utopía desprestigiada como hojas danzando al viento de levante. Ya todo es diferente. Sonrío, a veces, al recordar tus sueños inocentes, propios de tu esencia. Saltan lágrimas al abismo de tu recuerdo.
Pero no yo.
Yo solo espero alguna señal que me diga que sigues ahí, náufraga por mares de insomnio. Que retas a la vida como nadie antes lo ha hecho. Que aún piensas, de vez en cuando, en cómo nos mirábamos. Y las vueltas y vueltas que dábamos en nuestro tiovivo personal. Con caballos, sirenas y tres o cuatro bolas de cañón.
Pero
No hay más vueltas que las que doy en la cama yo, insomne. Las noches eternas. Tus labios en mi conciencia y mi fuego inquebrantable, incapaz de apagarse sin una bocanada de humo de tus fauces hambrientas de fe. Se acabaron sus doctrinas, no se puede apagar. Todo acaba en carne viva. El mundo arde y muere vivo al son de tu ombligo ensordecedor.
Y por fin la Luna
y el sol
consuman su amor casi idealizado.
La Luna ya sin celo y
Sol
ya sin fuego.

¿Y nosotros?

Espacio,
espacio.
Punto punto punto.
Telón.

Final.

domingo, 15 de marzo de 2015

El color burdeos y otras metáforas oníricas de domingo.

Es domingo y aquella que bailaba sobre tu espalda se fue al bar de enfrente a por su dosis de autoestima. Es domingo y el ambiente purulento y onírico se ha comido mi insomnio. Ahora duermo, ahora no, y ahora salto al lunes y sueño en el anochecer del miércoles. Porque, ¡qué puede hacer menos pesadumbre un lunes que tu coletero en mi muñeca y el recuerdo de ese vestido color burdeos que te manché con mis modales!
Ahora el burdeos es amarillo y tú ya no bailas como antes. Ya no conviertes la nieve en calor ni bebes del delirio del poeta. Ya no pasas por la cuerda efervescente y melancólica que es mi alma agitada. Te mueves demasiado para ser un verso atascado en un sueño del que nunca desperté.


Pequeña improvisación con las palabras color burdeos, coletero, lunes y purulento.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Todo.

Todo es venidero. Todo es efímero. Todo es casual y algo cínico. Todo cambia, todo crece, hasta los centímetros crecen, a veces, a pasos de gigante. Todo gira, todo emigra y todo se esconde del paso del tiempo. Todo se torna nada y nada mengua como la luna en celo. Y el paso del tiempo, esa moneda de dos caras con su camisón azul y su egoísta actitud, atento a cualquier movimiento en falso en el todo para hacerlo nada. Los cinco, los diez, los trece, los dieciocho y los diecinueve, los veintidós, los treinta y los sesenta y cinco. El carpe diem, la mala praxis, la madurez, la actitud y, por último, el incómodo tempus fugit. La vida dividida en secciones, en un gráfico con colores azulados llamados a la guerra interior, como peones que nunca fueron reinas. Liberadme de esta presión desestimada. Libradme del carpe diem y todos sus amigos de parranda, que no me toquen con sus sucias manos hedonistas. Ojalá enfocar el mundo como yo solo lo veo tras mi lente traslúcida y algo difuminada. Ojalá el mundo girase del revés y escribir con los pies y no con los párpados. Ojalá la vida en vertical con un corte trasversal en el costado. La vida en color, la vida en sepia y en blanco y negro. El piano que acompaña el alma en pena, los acordes mudos del delirio y el do, el mi y el si bemol del sueño. La chupa de cuero pringada de nostalgia, su aliento antes de su última tirada, y perdió. La verdad, la mentira, la ida y la vuelta. La cara y la cruz. El todo, la nada.
La nada.
Y el todo.