sábado, 11 de noviembre de 2023

Cerrar los ojos (o todo lo contrario)

Hola de nuevo. Por una vez es raro volver a tocar la puerta de siempre. Supongo que si no dices adiós, al final, es una forma de no despedirse nunca. 

Hace unos días, aunque creo que fue hace meses, las palabras más duras del mundo resonaron sobre todos mis campos. En una entrevista con una dulcísima señora de 94 años escuché lo siguiente: "vengo aquí a entretenerme, porque no me queda nadie ya, todos se me han ido", con la voz rota y un oscuro (o reconfortante, depende desde donde se mire) deseo de reencuentro en algún lugar. En ese momento, una infinita grieta se abrió ante mí y vi, por un momento, montones de pétalos precipitarse en un profundo azul. Y pienso, de qué sirve regar el jardín si cuando recojamos el fruto no habrá nadie que nos diga si nos ha salido bien, si lo hemos cuidado bien. No paro de darle vueltas a esto. 

Creo que la razón de venir aquí, después de tanto tiempo, es que hoy, por unas horas, me he quedado quieto. "Cerrar los ojos" no es una película, es un abrazo de alguien a quién no quieres soltar, pero no conoces. Pero todo estará bien. O tal vez no. Pero todo es inmóvil. Y está bien. Por el momento.

Llevo mucho tiempo evitando mirar cómo de alto es el muro. Es más, creo que he construido un muro dentro del muro. Hoy ha llovido y, por una pequeñísima fisura, cae un breve hilo de agua pálida. Han cambiado las flores pero sigo regando con las mismas aguas.