He de buscar
entre todas las zarzas y espigas
la última piedra del arca que guardaba su joyero.
Joyero de porcelana, así, arrugada,
como cuando bosteza.
He de romper la máscara con la luz tibia del ayer.
He de seguir los rincones con los dedos,
como si se fuesen a romper.
Y estos, lánguidos garabatos sin sentido, fuesen un soporte.
Piedra de neón en teatro fundido,
he de encontrarte
bajo las plumas del cuervo
o quizás en su nido.
No lo sé.
Ay, laberíntico joyero,
exhala otra hora más de amargura.
Ay, breve cuarzo esmeralda,
indeciso incienso encrespado,
ahógame en tu mar.
Allí, donde nadie vuelva a ver mis pupilas
ni
mis estúpidas poesías.
lunes, 25 de mayo de 2015
lunes, 4 de mayo de 2015
Vaivenes.
¿Qué hago?
Un arrecife de carbón
y un horizonte a mis pies.
Me ahogo.
Una Luna me señala con el dedo índice,
el de mandar.
La aguja marca las diez.
Monstruo de pálida tez,
guiña mi ojo como un alfiler
pincha un iceberg.
¡Déjame!
Tus aguas ya no viven
ni tus platinos ni tus verdes parpadeos han dejado de
bucear.
Ay, ¿qué hago yo ahora
con todo este polvo
lunar?
Ya me ahogo.
Como todas tus arcaicas pestañas
menos
las dos que cantan
de espaldas.
Pestañas de papel.
Un arrecife de carbón
y un horizonte a mis pies.
Me ahogo.
Una Luna me señala con el dedo índice,
el de mandar.
La aguja marca las diez.
Monstruo de pálida tez,
guiña mi ojo como un alfiler
pincha un iceberg.
¡Déjame!
Tus aguas ya no viven
ni tus platinos ni tus verdes parpadeos han dejado de
bucear.
Ay, ¿qué hago yo ahora
con todo este polvo
lunar?
Ya me ahogo.
Como todas tus arcaicas pestañas
menos
las dos que cantan
de espaldas.
Pestañas de papel.
domingo, 3 de mayo de 2015
Funeral por un sueño.
Al fin la vi en el penúltimo escalón antes del amanecer. Viento viejo susurra sus cabellos como finos hilos de Sol almidonado. Viento viejo en memoria llena y verde, viento viejo el que frunce los estigmas. Y sus ojos, como las hojas de mis dedos que se van, acorralados en un verde coral.
Tú, que llueves sobre mí, vuélvete otra vez y mira estos dos cráteres transparentes. Roza mis mejillas, tú, fina porcelana de museo. Baila conmigo al tiempo que marcan tus verdosos relojes de cristal. Sobrevuela estos profundos arrecifes que dejas a cada paso en la enormidad, allí, donde nadie oye mi voz.
Baja el último escalón, posa tu mano en mi pecho frío y enrédate en mi delirio.
Cállame con tu polvo lunar, porque voy a empezar a romperme en tu cielo.
Olvídalo, el despertador te ha vuelto a matar.
Tú, que llueves sobre mí, vuélvete otra vez y mira estos dos cráteres transparentes. Roza mis mejillas, tú, fina porcelana de museo. Baila conmigo al tiempo que marcan tus verdosos relojes de cristal. Sobrevuela estos profundos arrecifes que dejas a cada paso en la enormidad, allí, donde nadie oye mi voz.
Baja el último escalón, posa tu mano en mi pecho frío y enrédate en mi delirio.
Cállame con tu polvo lunar, porque voy a empezar a romperme en tu cielo.
Olvídalo, el despertador te ha vuelto a matar.
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