miércoles, 25 de febrero de 2015
Travesía hedonista.
Fueron treinta y dos los años que disfrutamos de nuestro hedonismo en aquella bola de cristal. Era un aquí y ahora y vuelta a empezar desde el columpio delirista de la casa del campo hasta el cartel de "NO PASAR" que el ratón le ponía al gato. Las carreras por las sendas de la fe tras algún indicio de verdad y el campo de tiro del tío extraño de sombrero, gabardina y gafas de sol que nos vendía la Luna a precio de estrella. Recuerdo un veintidós de noviembre a medianoche comenzar una guerra que nunca gané. Una lucha a capa y espada contra el narcisismo y perder. Caí derrotado como una piedra en el estanque y en el estanque del ego que me ahogué. Bajé cuatro infiernos hasta recoger mi conciencia dormida y me embarqué en aquel viaje esperanzador de cincuenta y tres barcos por las aguas pedregosas de tus labios húmedos. Millares de hectáreas de sucio carmín y carbón en el hoyuelo izquierdo, toda una odisea. Comenzó el desfile del valor y nadie saltó a escena. Todos me observaban desde el burladero plantar la bandera hedonista en el punto medio de las dos trazas de hielo. Una luz del interior me llamó, con voz dulce y confiada y, sin dudarlo, me lancé al bello mundo del sueño sin conciliar donde, por fin, consumí mi hedonismo borracho de tu discontinuo recuerdo.
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