sábado, 30 de enero de 2016

El olor de la poesía o confusiones entre el ser y el parecer.

Yo no soy poeta.
Yo no soy ni maldito, ni perdido, ni muerto.
Yo no soy un bailarín de versos y rimas y rimas y versos.
Yo no he nacido para la poesía, ni siquiera para sentir los olores de las palabras.
Yo no he sonado más de lo que debería, ni he mamado del seno de lo políticamente correcto.
No sé escribir, ni leer, ni siquiera coger de manera decente un lapicero.

Yo he vivido por y para la poesía
yo he dado la imagen sin respuesta a la prosa
y he desvirgado la lírica.
He soñado, sin quererlo, con series de arquetipos -casi clichés-
despedazarse ceniza a ceniza.
He vivido las estrellas y las hachas y las elegías
he roto las rosas de viento y los jardines del alba
he corrido por el filo de la navaja que hunde pecho púrpura.

Yo no soy poeta.
Yo solo vivo
o, mejor dicho, parece que existo.
El ser
y el
parecer.
La luz
y el filtro de bondad.