domingo, 27 de octubre de 2024

Todas las mañanas de mi mundo ya no son todas las mañanas del tuyo

 No sé qué hago aquí. O creo que, más bien, sí lo sé pero no quiero darme cuenta. 


Hoy fueron las peores 7:58 de todas las mañanas del mundo. Y es que, desde hace unos días, mi cuerpo ha designado justamente esa hora para no volver a cerrar los ojos. Hoy volví a sentarme en aquellas escaleras donde fui niño tantas veces, donde volvía siempre a tirar las piedras sobre la grava que más tarde fue ceniza.

No sé en qué momento exacto decidí adoptar aquellas escaleras como un lughar cuando siempre me habían dado miedo. Recuerdo sentarme y fumar, cuando no se podía fumar, y elevar la vista de la arboleda perdida hacia una enorme torre. Me gustaba imaginar que era una gran chimenea, y que servía como respiradero cuando todo se moría por dentro.

También, esta mañana, mientras todos dormían, salí al balcón a fumar como todas las mañanas. Ya había luz, pero llovía ligeramente. Puse una canción en aleatorio y salió una que llevaba muchísimo sin escuchar. Aunque fuese una canción con un tono triste, el sentimiento siempre fue reconfortante. Hoy fue un jarro de agua fría. Cuando ya empezaba a creer que era suficiente como para llegar al otro lado, el peso se multiplica y arrastra. Al menos pienso que ver los pájaros desde abajo significa algo.

Vi una foto que le hice a mi amiga Sheila, en la que fue la habitación de mi casa, y lo que fue uno de los trabajos que más disfruté nunca. Ahora que lo pienso, me parece más bonita esta que la que escogí entonces. Si lees esto, Sheila, muchas felicidades.


Decidí salir y, aunque ahora esté aquí, creo que estuvo bien hacer una parada. Me gusta ver y estar con gente que cuida sus jardines, y que cada uno lo hace a su manera. Quizá los campos que yo creía sobrevolar en ciertos momentos, también fueron jardines una vez. También caí en que hace mucho que no llevo una libreta, como antes, en las escaleras, siempre en el chaquetón.

La película fue toda una sensación de sensaciones. Me sentí al terminar como Un hombre que duerme, frío y ausente por fuera, con todo revuelto por dentro. Me sequé una lagrimilla que había intentado contener durante toda la película y salí de la sala, en el centro de una pelusa. Ale me hizo un comentario sobre la película que me hizo pararlo todo. Gracias.

Hoy fui consciente de que bajo aquellas escaleras y aquella chimenea quizá no había nada. Y quizá por eso no te gustó. Y que la piedra que dejaba volvía siempre a mí, hasta que las manos que siempre me sostuvieron, terminaron por quebrarse. Y romperse. 



sábado, 11 de noviembre de 2023

Cerrar los ojos (o todo lo contrario)

Hola de nuevo. Por una vez es raro volver a tocar la puerta de siempre. Supongo que si no dices adiós, al final, es una forma de no despedirse nunca. 

Hace unos días, aunque creo que fue hace meses, las palabras más duras del mundo resonaron sobre todos mis campos. En una entrevista con una dulcísima señora de 94 años escuché lo siguiente: "vengo aquí a entretenerme, porque no me queda nadie ya, todos se me han ido", con la voz rota y un oscuro (o reconfortante, depende desde donde se mire) deseo de reencuentro en algún lugar. En ese momento, una infinita grieta se abrió ante mí y vi, por un momento, montones de pétalos precipitarse en un profundo azul. Y pienso, de qué sirve regar el jardín si cuando recojamos el fruto no habrá nadie que nos diga si nos ha salido bien, si lo hemos cuidado bien. No paro de darle vueltas a esto. 

Creo que la razón de venir aquí, después de tanto tiempo, es que hoy, por unas horas, me he quedado quieto. "Cerrar los ojos" no es una película, es un abrazo de alguien a quién no quieres soltar, pero no conoces. Pero todo estará bien. O tal vez no. Pero todo es inmóvil. Y está bien. Por el momento.

Llevo mucho tiempo evitando mirar cómo de alto es el muro. Es más, creo que he construido un muro dentro del muro. Hoy ha llovido y, por una pequeñísima fisura, cae un breve hilo de agua pálida. Han cambiado las flores pero sigo regando con las mismas aguas. 



miércoles, 7 de septiembre de 2016

Sin título.

Sacad de mí este avispero
que imita la vehemencia de un corazón desarraigado.
Cuán severa es la sensación
de tener cascadas de sal por sangre.
Más austero aún este reloj sobre azul
cuando lo púrpura se desdobla
y lo fatal se escurre entre los dedos.
¿Ha de vivir el poeta inconexo de lo real,
sumiso al sueño,
el teatro funesto, la vida consciente...

o esquivar la muerte ya anunciada?

sábado, 4 de junio de 2016

Suspiros y estruendos.

Son palabras de viento
todas las que escupí a la elipsis de un amor desbarrado.
Cortinas de humo
escudan una realidad agrietada,
nadie comprende.
Algo breve y fugaz,
conversión de una centella
en rosa deslucida
que el huracán arrastró.
¿Quién iba a decir
que un suspiro soltado en un río de aguas pálidas
Iba a hacer tal estruendo?


domingo, 29 de mayo de 2016

Transición de una pelusa.

Fue tan tarde para la pelusa
dolerse de esta luz aural
que el Sol se puso tres veces
y ninguna amaneció.
Es la pelusa,
perdida en un vórtice de hojarasca,
la unión de dos puntos dispares
en un infinito ondulado.
Y si es la pelusa un amago de infarto,
¿qué somos nosotros
sino una taquicardia imaginada?

jueves, 26 de mayo de 2016

Planos.

Hay un trazo indefinido
en la frontera en que colisiona
mi yo real y tu yo aparente.
Cuando chapotea en el pozo de desidia
usted, majestad, sirve una gota perenne de ese amargo perfume
que hace brotar las pelusas.
Se ahogan en la discordia,
se alimentan del efímero recuerdo de un ideario
que termina en catarsis.
En cada intersección se borra el carbón,
los planos están lejos de salir del capullo
que tú encerraste con o sin propósito
de ser un muñeco sin cuerda.
¿Quién sabe si alguna vez serán tus rosas pálidas
o las pelusas y el humo cenizo...?
Quién sabe.
Nadie sabe.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Cristal (Parte 2)

He vuelto a sentir
al corazón insensible
ahogarse en su verborrea.
Ha vuelto la rabia, la furia y la rebeldía
canalizadas en versos hambrientos.
He vuelto a los alter egos
que no paran de gritar y callar
y gritar y callar.
He vuelto a beber del néctar de mi esencia y escupir en el papel.
He vuelto a verte, querida,

HE VUELTO A ROMPERME.