Sacad de mí este avispero
que imita la vehemencia de un corazón desarraigado.
Cuán severa es la sensación
de tener cascadas de sal por sangre.
Más austero aún este reloj sobre azul
cuando lo púrpura se desdobla
y lo fatal se escurre entre los dedos.
¿Ha de vivir el poeta inconexo de lo real,
sumiso al sueño,
el teatro funesto, la vida consciente...
o esquivar la muerte ya anunciada?