He vuelto a sentir
al corazón insensible
ahogarse en su verborrea.
Ha vuelto la rabia, la furia y la rebeldía
canalizadas en versos hambrientos.
He vuelto a los alter egos
que no paran de gritar y callar
y gritar y callar.
He vuelto a beber del néctar de mi esencia y escupir en el papel.
He vuelto a verte, querida,
HE VUELTO A ROMPERME.
miércoles, 17 de febrero de 2016
Grito (Parte 1)
He visto en mis ojos
la misma luz que tenía hace ya años.
He revivido el rencor y el ansia
de llenar mis manos de sangre
apuñalando el cariño y la empatía
que brillan por su ausencia.
He visto al oscuro pasajero
mirarme y besar el alma desnuda.
Alma que ya no siente
alma que ya no grita
he oído su voz explotar.
Gorriones picotean la pecera
del limpiafondos discordante que limpia la cabeza del cuerdo demente.
Hoy no maúllo.
Hoy la vigilia se disfraza de ángel caído
y forcejea con el gato arrinconado
jugando a ser viento
y soplarme.
la misma luz que tenía hace ya años.
He revivido el rencor y el ansia
de llenar mis manos de sangre
apuñalando el cariño y la empatía
que brillan por su ausencia.
He visto al oscuro pasajero
mirarme y besar el alma desnuda.
Alma que ya no siente
alma que ya no grita
he oído su voz explotar.
Gorriones picotean la pecera
del limpiafondos discordante que limpia la cabeza del cuerdo demente.
Hoy no maúllo.
Hoy la vigilia se disfraza de ángel caído
y forcejea con el gato arrinconado
jugando a ser viento
y soplarme.
sábado, 30 de enero de 2016
El olor de la poesía o confusiones entre el ser y el parecer.
Yo no soy poeta.
Yo no soy ni maldito, ni perdido, ni muerto.
Yo no soy un bailarín de versos y rimas y rimas y versos.
Yo no he nacido para la poesía, ni siquiera para sentir los olores de las palabras.
Yo no he sonado más de lo que debería, ni he mamado del seno de lo políticamente correcto.
No sé escribir, ni leer, ni siquiera coger de manera decente un lapicero.
Yo he vivido por y para la poesía
yo he dado la imagen sin respuesta a la prosa
y he desvirgado la lírica.
He soñado, sin quererlo, con series de arquetipos -casi clichés-
despedazarse ceniza a ceniza.
He vivido las estrellas y las hachas y las elegías
he roto las rosas de viento y los jardines del alba
he corrido por el filo de la navaja que hunde pecho púrpura.
Yo no soy poeta.
Yo solo vivo
o, mejor dicho, parece que existo.
El ser
y el
parecer.
La luz
y el filtro de bondad.
Yo no soy ni maldito, ni perdido, ni muerto.
Yo no soy un bailarín de versos y rimas y rimas y versos.
Yo no he nacido para la poesía, ni siquiera para sentir los olores de las palabras.
Yo no he sonado más de lo que debería, ni he mamado del seno de lo políticamente correcto.
No sé escribir, ni leer, ni siquiera coger de manera decente un lapicero.
Yo he vivido por y para la poesía
yo he dado la imagen sin respuesta a la prosa
y he desvirgado la lírica.
He soñado, sin quererlo, con series de arquetipos -casi clichés-
despedazarse ceniza a ceniza.
He vivido las estrellas y las hachas y las elegías
he roto las rosas de viento y los jardines del alba
he corrido por el filo de la navaja que hunde pecho púrpura.
Yo no soy poeta.
Yo solo vivo
o, mejor dicho, parece que existo.
El ser
y el
parecer.
La luz
y el filtro de bondad.
lunes, 14 de diciembre de 2015
Observaciones
Son las migajas que tiran los pájaros
los rastros que sigo de vuelta a casa.
Míralos, míralos cómo rodean la basura que deja el hombre.
Míralos picotear el suspiro invernal.
Mira el hombre sucio, pobre sin lughar,
míralo pedir su dosis de realidad.
Míralo al tomar un sorbo de café,
míralo al pelar la mandarina,
como si cada gajo fuese una emoción humana.
Míralo como si fuese un nido de pájaros
alimentándose sus crías de insensibilidad.
Míralo como si te mirases en un espejo,
míralo y dime
¿viste alguna guerra mayor
que el pájaro siendo hombre
y el hombre, ¡el superhombre!
siendo migajas?
los rastros que sigo de vuelta a casa.
Míralos, míralos cómo rodean la basura que deja el hombre.
Míralos picotear el suspiro invernal.
Mira el hombre sucio, pobre sin lughar,
míralo pedir su dosis de realidad.
Míralo al tomar un sorbo de café,
míralo al pelar la mandarina,
como si cada gajo fuese una emoción humana.
Míralo como si fuese un nido de pájaros
alimentándose sus crías de insensibilidad.
Míralo como si te mirases en un espejo,
míralo y dime
¿viste alguna guerra mayor
que el pájaro siendo hombre
y el hombre, ¡el superhombre!
siendo migajas?
jueves, 15 de octubre de 2015
Crisis
Son tiempos difíciles para los eternos y efímeros a la vez soñadores como el que guarda la puerta a mi mundo interior. Los suburbios se han autoproclamado capital del reino de la desesperanza y han pintado todos los cristales de un tono anaranjado, como un pequeño infierno particular. Las águilas vuelan raso y las nubes rugen por un futuro sin lluvias ni truenos.
Qué caos, qué felicidad, qué tristeza y qué belleza ver los versos precipitarse en granos de ceniza. Y es que siento como si fuese un seco anacardo en un desierto helado, intentando fundirme con el soplete que es mi aliento en un grito desolado. Nadie quiere probar un fruto tan insípido como mi alma a punto de estallar.
Ay, mi triste caos de la realidad.
Ay, maldito mundo de discordia.
¿Alguien más quiere colarse en la barahunda de voces y ecos y ruidos que son las alas de mi último vuelo por la pálida piel de una ninfa en descomposición?
Quizá quieras
o quizá prefieras ir a Roma en un día y volver.
Todos los caminos llevan a mi arruinada, caótica y atormentada Roma mental.
Qué caos, qué felicidad, qué tristeza y qué belleza ver los versos precipitarse en granos de ceniza. Y es que siento como si fuese un seco anacardo en un desierto helado, intentando fundirme con el soplete que es mi aliento en un grito desolado. Nadie quiere probar un fruto tan insípido como mi alma a punto de estallar.
Ay, mi triste caos de la realidad.
Ay, maldito mundo de discordia.
¿Alguien más quiere colarse en la barahunda de voces y ecos y ruidos que son las alas de mi último vuelo por la pálida piel de una ninfa en descomposición?
Quizá quieras
o quizá prefieras ir a Roma en un día y volver.
Todos los caminos llevan a mi arruinada, caótica y atormentada Roma mental.
domingo, 23 de agosto de 2015
2:17
Hoy he vuelto a soñar a tonos anaranjados, como los cristales que empañan las herejías cometidas en las Iglesias, algo así como un paseo por la faz solar. Quizá fuera presa del calor que ya ni cesa de noche, cuando intento ordenar un poco mi mundo; o quizá sea que no lo he ordenado lo suficiente y la melancolía ha consumido el tejado. Me sentía como Dante bajando al infierno o como Dios cuando trata de existir, una angustia que llegaba desde la nuez hasta las yemas de los dedos de los pies, martirizando mi hígado por haber tomado tanta cerveza. Sala de espejos, todos mirándose a la vez, psicodelia espiritual. Mi moral se consumía a cada vez que me reflejaba en aquellos miles y miles de espejos y la debilidad que sentía me hacía estremecer, hasta tal punto de tirarme en el suelo en posición fetal, como cuando veo una película de Lars Von Trier. Creí que desnudándome me sentiría mejor y lo cierto es que la ropa me agobiaba un poco, pero verme reflejado desnudo no era muy de mi agrado. Poesía natutal, ritual ancestral de purificación. Navegando en una pestaña por un mar donde solo se reflectaba mi cara, mi cuerpo y mi alma en llamas. Desidia, ansiedad, debilidad, angustia, confusión y otros síntomas que incendiaban ni epidermis a cada parpadeo. Mi moral ya había desaparecido y las fuerzas que resistían a ese martirio eterno eran ínfimas. Solo quedaba gritar. Gritar tan fuerte que hiciera eco en Nueva Zelanda y volviese aquí. Grité. Una, dos, tres. Los espejos se quebraron y quedé libre de pecado. Mi sueño acaba aquí, pero el martirio continúa.
domingo, 12 de julio de 2015
Rosa azabache.
Desperté algo trastornado y en un estado de confusión progresiva. La sangre corría por mis venas como una carrera callejera de coches de esas películas tan malas que a todos le gustan. Quizá fuera efecto de las cuatro, cinco o veinte copas que tomé en aquella barra de neón y el repeinado camarero que me servía los vodkas con limón. Respiraba a ratos, otros no, y así cinco o diez minutos hasta que pude alzar mi caótica cabeza. Y es que tuve uno de esos delirios que forman parte ya de mi mundo, uno de esos sueños en los que todo se torna de gris a rosa en un par de segundos, pasando por una gama entera del engañoso azul. Asistía a un evento matrimonial importante y tú, por sorpresa, te presentabas en mi casa con un vestido azabache que realzaba esa figura de Venus de Milo que tienes. Tus ojos brillaban como un rayo de sol en medio de un universo vacío como el mío, y esa pequeña sonrisa de emoción, como la que pusiste la última vez que nos vimos en aquella estación un día de verano. Un temblor que iba desde las yemas de los dedos hasta lo más profundo de mi corazón se apoderó de mí. Entre ataque y ataque conseguí que mis brazos respondieran y pude recorrer tu cuerpo y envolverte a mí.
Llegó el evento y una vez más me agarrabas de la mano para que no volviera a caer en el abismo que observo cada madrugada y que es el fin de mi mar, donde ya todo está seco, muerto. El tembleque continuaba, y empecé a sudar como si hubiera corrido mil maratones. Quizá debido al horrible chaqué que llevaba o a la emoción de metamorfosear mi mano con la tuya.
Cayó la noche y con ello mi tensión. Un DJ cuarentón, alopécico y con ganas de haber sido un abogado de élite y haber acabado "pinchando" en una boda mediocre ponía música y todos bailaban como patos mareados. Tras bebernos un par de copas nos animamos a saltar a la pista de baile. El DJ cuarentón y alopécico hacía como si pinchase una de estas canciones que se llevan ahora, de esas de moverse como si te estuvieran estirando todas las extremidades del cuerpo a la vez. Entrada la madrugada, cuando los gallos cantan (y suenan mejor que el DJ cuarentón y alopécico), sonó una canción de Bob Dylan que decía que la respuesta estaba en el viento. Nos miramos, cerramos los ojos y dejamos que el viento guiara nuestros pasos. Bailar descalzos sobre un cable por encima del Pacífico al son de una corriente de la, otra de mi y una brisa de sí bemol. El baile perfecto.
Apagada ya la boda y despedidos todos nos sentamos en un balcón a ver amanecer. Era lo más bonito que había visto después de tu pelo moverse al bailar, y tus ojillos mirarme pidiéndome un último baile.
Nuestra estrellada noche acabó durmiendo mirando tu hermoso rostro pálido y acariciando ese tatuaje con tanto significado. Conexión. Ahora, estábamos conectados.
Desperté trastornado y en un estado de confusión progresiva. La sangre corría por mis venas como una carrera callejera de coches de esas películas tan malas que a todos les gusta.
Llegó el evento y una vez más me agarrabas de la mano para que no volviera a caer en el abismo que observo cada madrugada y que es el fin de mi mar, donde ya todo está seco, muerto. El tembleque continuaba, y empecé a sudar como si hubiera corrido mil maratones. Quizá debido al horrible chaqué que llevaba o a la emoción de metamorfosear mi mano con la tuya.
Cayó la noche y con ello mi tensión. Un DJ cuarentón, alopécico y con ganas de haber sido un abogado de élite y haber acabado "pinchando" en una boda mediocre ponía música y todos bailaban como patos mareados. Tras bebernos un par de copas nos animamos a saltar a la pista de baile. El DJ cuarentón y alopécico hacía como si pinchase una de estas canciones que se llevan ahora, de esas de moverse como si te estuvieran estirando todas las extremidades del cuerpo a la vez. Entrada la madrugada, cuando los gallos cantan (y suenan mejor que el DJ cuarentón y alopécico), sonó una canción de Bob Dylan que decía que la respuesta estaba en el viento. Nos miramos, cerramos los ojos y dejamos que el viento guiara nuestros pasos. Bailar descalzos sobre un cable por encima del Pacífico al son de una corriente de la, otra de mi y una brisa de sí bemol. El baile perfecto.
Apagada ya la boda y despedidos todos nos sentamos en un balcón a ver amanecer. Era lo más bonito que había visto después de tu pelo moverse al bailar, y tus ojillos mirarme pidiéndome un último baile.
Nuestra estrellada noche acabó durmiendo mirando tu hermoso rostro pálido y acariciando ese tatuaje con tanto significado. Conexión. Ahora, estábamos conectados.
Desperté trastornado y en un estado de confusión progresiva. La sangre corría por mis venas como una carrera callejera de coches de esas películas tan malas que a todos les gusta.
Y es que desperté y no encontraba rastro de tu cuerpo durmiendo a contraluz. Busqué entre mis sábanas y también bajo mi cama. En el baño, salón e incluso dentro de mí.
Volví a ese mundo donde puedo bailar sobre un cable, donde llevas ese vestido azabache a juego con tu nombre, donde puedo acariciar tu tez una y otra vez, toda una noche.
Donde eres mi pequeña rosa azabache, my little black rose.
She had a name, she called the wild rose.
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