Llegó el evento y una vez más me agarrabas de la mano para que no volviera a caer en el abismo que observo cada madrugada y que es el fin de mi mar, donde ya todo está seco, muerto. El tembleque continuaba, y empecé a sudar como si hubiera corrido mil maratones. Quizá debido al horrible chaqué que llevaba o a la emoción de metamorfosear mi mano con la tuya.
Cayó la noche y con ello mi tensión. Un DJ cuarentón, alopécico y con ganas de haber sido un abogado de élite y haber acabado "pinchando" en una boda mediocre ponía música y todos bailaban como patos mareados. Tras bebernos un par de copas nos animamos a saltar a la pista de baile. El DJ cuarentón y alopécico hacía como si pinchase una de estas canciones que se llevan ahora, de esas de moverse como si te estuvieran estirando todas las extremidades del cuerpo a la vez. Entrada la madrugada, cuando los gallos cantan (y suenan mejor que el DJ cuarentón y alopécico), sonó una canción de Bob Dylan que decía que la respuesta estaba en el viento. Nos miramos, cerramos los ojos y dejamos que el viento guiara nuestros pasos. Bailar descalzos sobre un cable por encima del Pacífico al son de una corriente de la, otra de mi y una brisa de sí bemol. El baile perfecto.
Apagada ya la boda y despedidos todos nos sentamos en un balcón a ver amanecer. Era lo más bonito que había visto después de tu pelo moverse al bailar, y tus ojillos mirarme pidiéndome un último baile.
Nuestra estrellada noche acabó durmiendo mirando tu hermoso rostro pálido y acariciando ese tatuaje con tanto significado. Conexión. Ahora, estábamos conectados.
Desperté trastornado y en un estado de confusión progresiva. La sangre corría por mis venas como una carrera callejera de coches de esas películas tan malas que a todos les gusta.
Y es que desperté y no encontraba rastro de tu cuerpo durmiendo a contraluz. Busqué entre mis sábanas y también bajo mi cama. En el baño, salón e incluso dentro de mí.
Volví a ese mundo donde puedo bailar sobre un cable, donde llevas ese vestido azabache a juego con tu nombre, donde puedo acariciar tu tez una y otra vez, toda una noche.
Donde eres mi pequeña rosa azabache, my little black rose.
She had a name, she called the wild rose.
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