viernes, 30 de mayo de 2014

Ego.

Me enamoré del amanecer, de las calles vacías, de las pequeñas gotas de lluvia que anuncian la tormenta.
Vivo en el ojo del huracán, la tregua de una guerra, la locura de un pequeño chico cuerdo, amenazado por un nuevo ataque a su subconsciente.
Soy un ente durmiente en un mundo despierto. Soy la luz fundida del alumbrado a media noche. Soy ese acorde de guitarra que hace más eco del que debería. 
Soy la rosa que nunca creció a causa de un romance con el frígido invierno. Soy el último rayo de Sol en el ocaso del verano, ignorado por la belleza de la caída de las áridas hojas de otoño. Soy el eco que hace recordar la fuerza del pasado, que se desvaneció hasta el presente y quedará como una leyenda heroica en el futuro. 
Aquellos héroes que solíamos ser venciendo a mil demonios y festejando nuestra victoria con júbilo. Pasando calamidades indeseables con nuestras últimas fuerzas. Aquella época pasó y sigo viviendo con el recuerdo de lo que un día lo fue todo y ahora no es más que un simple recuerdo. Sigo sintiendo ese remoto vigor de estar en lo más alto. Pero no fue más que un engaño, pues fue un solo producto de mi imaginación. Nunca estuvimos arriba, ni siquiera nos acercamos. Pero nos sentíamos como héroes, mas todos podemos ser héroes si de verdad creemos en nosotros y no caemos en el engaño del prójimo, pues éste no es más que un timador sin escrúpulos obseso de poder.

martes, 27 de mayo de 2014

¿Por qué 2+2 tiene que ser necesariamente 4?

¿Por qué 2+2 tiene que ser necesariamente 4? ¿Quién dijo eso? Pero, ¿y si te llevas una? ¿Y si son 5? Nadie contaba con esa "una". Quizás sea una variante, algo que nos haga cambiar. Porque del 4 al 5 hay un trecho. Del 4 al 5 hay un aprobado y una nota, esa que tanta importancia tiene en el futuro de una persona. Pero, yo digo, ¿queremos cambiar de verdad? Muchos hablamos de querer pero nunca de ponerse en marcha. Podemos decir miles de verdades pero a la hora de la práctica ninguna, en lo que me incluyo. ¿Por qué no hacerlo? ¿Por qué no convertir un suspenso en un aprobado? Si una persona puede cambiar todos podemos cambiar. Todos podemos hacerlo, pero nadie mueve un dedo por la colectividad. Reino del individualismo y del mérito propio. ¿Para qué queremos destacar? Un solo hombre no puede mover el mundo. Tan solo hace falta gente con ideas, con valores. Nadie puede reproducir las ideas que tiene una persona en una habitación que está vacía. Esa gente con ideas es la que acabará cambiando el mundo. Esa gente es la que puede convertir este antro en una lujosa mansión, pero nadie les deja expresarse. Predican el optimismo como algo bueno cuando es todo lo contrario, pues solo los pesimistas podrán conseguirlo, ya que los optimistas siempre estarán siempre contentos con lo que tienen. ¿Y qué les queda a esa gente? Expresarse a través de un texto, un dibujo, una pintura, una canción y todas las formas universales de arte. Aquí estoy yo mostrando al mundo mis pensamientos, en un humilde blog de pacotilla. Algo bueno tendría que sacarse de esta situación, ¿no? El arte como expresión, como evasión de una realidad incómoda, la cual podríamos hacer cómoda si cambiáramos del 4 al 5, si de verdad conseguimos ese aprobado. 

martes, 13 de mayo de 2014

Luna.

Una noche más a tu vera
me hallo escribiéndote, Luna.
Bella flor de primavera
seca y magullada runa.

Muchos te idolatran,
otros muchos te temen.
Muchos bien te tratan
otros muchos, solo duermen.

Y pueden decir lo que quieran
las malas lenguas viperinas,
pues tan solo esperan
a enterrar su vida en ruinas.

Oh, brillante perla del diablo
yo te sigo brindando mis noches
adorándote desde este sucio antro
créeme, no soy un fantoche.

Quizás tan solo sea un loco enamorado
quizás tan solo esté soñando
quizás tan solo esté anhelando
el tenerte aquí a mi lado.

Quizás esté totalmente equivocado
y esté demasiado cuerdo
Ten, coge mi mano
pues bienvenido al infierno.




lunes, 12 de mayo de 2014

Insomnio.

Dime muchacho, ¿puedes ver la Luna? Retratada en el cielo desde su posición de Reina de la Noche. Fiel escudera de Morfeo patrulla las tinieblas en busca de algún humano insomne a quien atrapar en sus redes. ¿Qué quieres de mí, sucia ramera? Mírame a los ojos y dime que eres de verdad. Posa en mí esos brillantes zafiros y dime, asquerosa meretriz. ¿Qué hay de bueno en ti? Muéstrame tu lado oscuro, dulce pesadilla. Baja de los cielos y cúbreme entre tus brazos. Libérame de estas cadenas que me atan a este sórdido lugar lleno de mentiras. Destroza los lazos de mi vida y llévame a la felicidad, oh poderosa esfera divina. Única luz en penumbra, sálvanos de este desastre. Libera a este pequeño chico de sueños rotos, pues aquellos son los que pueden gobernar. Enseña a los que lloran que no todas las lágrimas son amargas. Muéstranos tu esencia oscura, pues seremos nosotros mismos y aprenderemos a apreciar tu infravalorada presencia. Aprenda a disfrutar de la noche, hermano. Si no fuera por ella yo no estaría escribiendo estos pequeños arrebatos de cordura. Quizás sean locuras, quizás esté loco. Quizás estemos soñando. Quién sabe, pequeño y asustado chico inocente.

viernes, 18 de abril de 2014

Cordura.

Eran las 4 de la mañana y seguía ante su antiguo y magullado escritorio. A su lado se encontraba una papelera rebosante de folios arrugados, cada uno con mil y una historias sin terminar. Nathan parecía frustrado, enfadado consigo mismo. ¿Qué podía ocurrir? Fuera se podían observar las gotas de lluvia y el sonido envolvente de los truenos. Había tormenta. Dentro, la bombilla titilaba cargando el ambiente de apatía y de incertidumbre propio de Nathan. Papá y mamá hacía rato que se fueron a dormir y el segundo hijo de los Gallagher quedaba a solas con sus propios pensamientos. Algo le rondaba en la cabeza, pero, ¿el qué? Desde hace unos días se le notaba un poco raro. Más de lo habitual. Siempre fue un chico alegre y despreocupado... hasta que sucedió aquello. Cogió la pluma con rabia y la tiró al suelo. Todo se le venía encima y estaba apunto de explotar. Se levantó de la silla y se dirigió a la cocina. Miró los cuchillos con deseo e incluso cogió uno con suma delicadeza. Lo observó detenidamente y pasó su mano por la hoja afilada. Una sonrisa malévola se le dibujó en la cara y los ojos se le inyectaron en sangre. Estaba apunto de cometer una locura. Pero no. Un ataque de cordura lo invadió e hizo que dejara el cuchillo sobre la encimera. Se quedó unos instantes dubitativo y finalmente bebió un vaso de agua y se fue a la cama. Debía descansar, al día siguiente era su primer día de instituto.



miércoles, 16 de abril de 2014

Todo aquello.

Tras la mirada del búho pude ver el fino caminar de una silueta difuminada. Una sombra iluminada por el brillo de la Luna. Rociada por la esencia de la noche. Una joya la cual es totalmente imposible de apreciar desde la ignorancia del ser humano. Se contoneaba ante mí agitando sus alas con una elegancia apabullante. Me miraba desafiante obligándome a traspasar el cristal translúcido desde el que la observaba. Cruzamos la mirada y todo se paró. Las hojas caídas de los árboles levitaban a su alrededor y las pequeñas gotas de lluvia la envolvían en un remolino de belleza pura. Ella daba vueltas y vueltas haciéndome perder la cabeza. Luchaba por romper el maldito cristal que nos separaba pero todo intento fue en vano. Le gritaba pero no me oía. Estaba encerrado en una caja transparente, con mi soledad como única compañera, de la cual no podía escapar. Cerré los ojos unos instantes y traté de imaginar nuestros cuerpos danzar juntos con la Luna de testigo. Bailar en armonía bajo la lluvia, con la niebla envolviéndonos y convirtiéndonos en uno. En uno solo. Abrí los ojos y despareció por completo. Solo quedaba la lluvia mojando mis sueños e ilusiones. Chafando todo aquella belleza que mi mente creaba para mí. Todo aquello que me hacía sentir un poco feliz. Todo aquello con lo que evadirme. Todo aquello.

sábado, 8 de marzo de 2014

El bosque trágico.

Le di esquinazo. Aquello que fuese lo que me estuviera persiguiendo había desaparecido. O eso es lo que yo quise creer. Me encontraba en el corazón de un bosque sumido en la noche. Cientos de árboles me rodeaban, atrapándome en mi propia locura. Empezaba a perder la cabeza. Llevaba como cuatro horas perdido, dando vueltas en círculos por aquel paraje umbrío. Mis pasos eran cada vez más lentos y pesados, la respiración era corta y muy consecutiva y mi corazón era una bomba a punto de explotar. Anduve hasta llegar a un claro y me acurruqué al pie de un árbol. Saqué mi teléfono del bolsillo derecho pero no tenía cobertura, incomunicado. Una densa niebla me cubrió de repente reduciendo mi campo de visión. Lento y cauteloso me movía por aquel paraje umbrío, observando el más mínimo detalle que mis sentidos podían percibir. Temblaba. La angustia que me producía el no poder visualizar nada me inquietaba. A duras penas podía caminar. La tierra me atrapaba y me hacía el camino imposible, hasta que el suelo desapareció bajo mis pies. Empecé a rodar por una ladera hasta caer en un pequeño lago de agua helada. Me estaba congelando sumergido en ese líquido gélido. Salí cuanto antes y me quedé en posición fetal durante unos minutos. Los escalofríos se apoderaron de mi cuerpo y no podía evitarlo. Perdí la sensibilidad en casi todas las partes de mi cuerpo, no sentía nada. Realizando un esfuerzo sobrenatural, conseguí ponerme en pie y dar unos pasos. Me apoyé en una pared de arcilla para intentar recomponerme de la hipotermia que acababa de sufrir. Levanté la cabeza y vi una sombra blanca esconderse entre los árboles. Algo me estaba observando y yo tenía que moverme. Quise ponerme en marcha pero mis piernas no respondían, no podía moverlas. Notaba la presencia de aquello que vi, cómo observaba mi sufrimiento y de alguna manera disfrutaba de él. Era incapaz de tenerme en pie, todos los músculos de mi cuerpo estaban congelados. Atrapado, sin salida ante ese ente acechante. Aquella era mi hora, todo había llegado a su fin. Cómo una vida entera se desvanece en cuestión de minutos. Cómo todas esas sensaciones habidas y por haber se juntan formando una pelota de inquietud e incertidumbre, haciéndote sentir nada. Cómo irte sin poder evitarlo, la impotencia de no poder hacer nada por salvarte. Todo eso sentía yo, y era horrible. Saqué fuerzas de flaqueza para incorporarme y observar lo último que verían mis ojos. La sombra blanca venía hacia mí a paso lento, sin detenerse. Su mirada se clavaba en mi persona haciéndome sentir peor que la hipotermia. No había nadie más. La Luna nos miraba desde lo más alto, observando la trágica obra de teatro que era mi vida en esos momentos. Me quedé sin aliento al ver que aquello de lo que huía era la sombra blanca de un niño pequeño. Se detuvo justo enfrente de mí y me estudiaba con sus ojos. Me miraba de arriba a abajo, pero no reaccionaba. Relucientes lágrimas caían de sus ojos. Entre sollozos dijo algo que no pude entender. Su voz era aguda y difusa, estaba perplejo. Me miró por última vez y me abrazó. Es lo último que recuerdo.