viernes, 30 de mayo de 2014

Ego.

Me enamoré del amanecer, de las calles vacías, de las pequeñas gotas de lluvia que anuncian la tormenta.
Vivo en el ojo del huracán, la tregua de una guerra, la locura de un pequeño chico cuerdo, amenazado por un nuevo ataque a su subconsciente.
Soy un ente durmiente en un mundo despierto. Soy la luz fundida del alumbrado a media noche. Soy ese acorde de guitarra que hace más eco del que debería. 
Soy la rosa que nunca creció a causa de un romance con el frígido invierno. Soy el último rayo de Sol en el ocaso del verano, ignorado por la belleza de la caída de las áridas hojas de otoño. Soy el eco que hace recordar la fuerza del pasado, que se desvaneció hasta el presente y quedará como una leyenda heroica en el futuro. 
Aquellos héroes que solíamos ser venciendo a mil demonios y festejando nuestra victoria con júbilo. Pasando calamidades indeseables con nuestras últimas fuerzas. Aquella época pasó y sigo viviendo con el recuerdo de lo que un día lo fue todo y ahora no es más que un simple recuerdo. Sigo sintiendo ese remoto vigor de estar en lo más alto. Pero no fue más que un engaño, pues fue un solo producto de mi imaginación. Nunca estuvimos arriba, ni siquiera nos acercamos. Pero nos sentíamos como héroes, mas todos podemos ser héroes si de verdad creemos en nosotros y no caemos en el engaño del prójimo, pues éste no es más que un timador sin escrúpulos obseso de poder.

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