Fue tan tarde para la pelusa
dolerse de esta luz aural
que el Sol se puso tres veces
y ninguna amaneció.
Es la pelusa,
perdida en un vórtice de hojarasca,
la unión de dos puntos dispares
en un infinito ondulado.
Y si es la pelusa un amago de infarto,
¿qué somos nosotros
sino una taquicardia imaginada?
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