Al fin la vi en el penúltimo escalón antes del amanecer. Viento viejo susurra sus cabellos como finos hilos de Sol almidonado. Viento viejo en memoria llena y verde, viento viejo el que frunce los estigmas. Y sus ojos, como las hojas de mis dedos que se van, acorralados en un verde coral.
Tú, que llueves sobre mí, vuélvete otra vez y mira estos dos cráteres transparentes. Roza mis mejillas, tú, fina porcelana de museo. Baila conmigo al tiempo que marcan tus verdosos relojes de cristal. Sobrevuela estos profundos arrecifes que dejas a cada paso en la enormidad, allí, donde nadie oye mi voz.
Baja el último escalón, posa tu mano en mi pecho frío y enrédate en mi delirio.
Cállame con tu polvo lunar, porque voy a empezar a romperme en tu cielo.
Olvídalo, el despertador te ha vuelto a matar.
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